La noche en que conocí el mejor pisco sour de mi vida

Son las 13.40 y recién estoy despertando. El dolor de cabeza me atormentará hasta la noche, lo sé. A mis 30 no debería tomar tanto, pero anoche me descontrolé.

Nunca había ido a una disco gay y, de hecho, no quería. Pensé que sería fome y no me tincaba ir a un lugar que estuviera lleno de hombres, pero mis amigas me convencieron.

¡Fue la mejor idea del mundo! Lo pasé tan bien, nunca había bailado tanto en mi vida. Fue genial no tener que preocuparme de los típicos jotes que te insisten una y mil veces en que bailes con ellos y nunca entienden un simple "no".

Igual debo admitir que esa libertad hizo que no pensara en los límites. Nos sirvieron un pisco sour tan rico que no pude evitar tomar más de la cuenta.

Después de la tercera copa, mis recuerdos de anoche empezaron a ponerse borrosos. Lo único que tengo muy presente, es que para tomar ese exquisito sour, teníamos que hacer unos rituales antes.

Me acuerdo de eso porque lo encontré muy novedoso y entretenido, perfecto para prender la previa antes de salir a bailar.

Lo malo es que no recuerdo cómo se llamaba. Gran error, porque su sabor hizo que se transformara en mi sour favorito. De hecho, me hizo recordar mi viaje a Machu Pichu, donde probé el pisco sour más rico de mi vida.

¡Inca de Oro! Así se llamaba el exquisito sour que tomamos ayer. Ahora voy a comprarlo para la junta de mañana, aunque esta vez trataré de tomar menos para no despertar con esta horrible jaqueca.