¡No aguantó más! Erika Olivera denunció a su padrastro de abusos

La deportista reconoció que vivió estas vejaciones durante una década.

Una brutal confesión realizó la triatleta nacional Erika Olivera, abanderada nacional para los Juegos Olímpicos de Río 2016, quien afirmó que su padrastro abusó de ella por más de 10 años.

En conversación con la revista El Sábado de El Mercurio, la deportista confesó que el pasado 23 de junio estampó una denuncia en la Policía de Investigaciones en contra de Ricardo Olivera, pastor evangélico argentino, con quien vivió junto a su familia en la población Carol Urzúa de Puente Alto.

"Debo haber tenido 5 años la primera vez que me abusó en el campamento. El dormitorio estaba empapelado con un mural rojo tipo kraft. Él mismo lo había forrado. El empezó mostrándomelo como un juego, con caricias y después fue avanzando", reconoció la atleta.

Además agregó que "me acuerdo caminando hacia la puerta. Estaba sonada nomás. Tenía que llegar y aceptar. Tenía que pasarlo con él. Apenas tenía la oportunidad era llegar y llevar para él. Mientras yo no me pude defender, él hacía lo que quería conmigo".

En la misma línea, manifestó que recién a los 12 años le pudo contar a su madre lo que le estaba pasando, aunque en esa ocasión ella le respondió que "ella me dijo que ojalá que fuera mentira, porque si era verdad que él me abusaba nadie me iba a querer, no iba a poder tener hijos ni familia".

Respecto del tiempo que vivió estas vejaciones, Olivera indicó que "viví chantajeada mucho tiempo. Esto fue por once años, no había una semana que no pasara nada. Para ir a una carrera o un entrenamiento tenía que aceptar lo que él me decía: ‘¿Quieres esto? Sabes lo que tienes que hacer’. Él hacía una señal con el dedo, indicándome lo que iba a pasar, lo que íbamos a tener que hacer".

Por último, confesó el momento en el que dijo "basta" y se paró en frente de su padrastro para parar esta situación. Fue a los 17 años, cuando reconoce que "me levantó la mano, yo se la sostuve y él me forzó más. Me puse chora, me defendí y le dije que no me volviera a hacer eso nunca más. De la calle le grité: viejo de mierda. Mi mamá vio todo esto, para mi fue un gran paso. Él no volvió a violarme".